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Cómo influye la Navidad en nuestro estado de ánimo

El final del año puede ser un buen momento para hacer balance de lo que queremos dejar atrás y darle la oportunidad a lo nuevo que queremos tener en nuestra vida.

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Con la llegada de la Navidad y el cambio de año, algunas personas manifestamos una serie de emociones y sentimientos encontrados, que es importante poder identificar  y conectarnos con estos de una manera regulada, auténtica y funcional, sin juzgarlos como buenos ni malos, solo tener conciencia de que están allí y que alteran nuestro bienestar en estos días.

Algunas de las manifestaciones emocionales relacionadas con estas fechas son:  alegría, esperanza, nostalgia, temor, estrés, ansiedad, enojo, tristeza, desesperanza, experimentar vacío existencial, pérdida del sentido de la vida, de interés por las personas o los eventos, alteraciones del humor, del sueño y en la alimentación, incluso depresión.

Las decoraciones, las luces, la música, las reuniones, los compromisos que adquirimos para estas fechas, el balance del año, evocan eventos pasados de una gran carga afectiva.

No hay que desestimar las señales que da nuestro cuerpo, y poner atención a otras señales de que se está padeciendo esto, como son el aislarse paulatinamente de planes y actividades, de familiares, amistades y evitar el contacto social. No importa si se es hombre o mujer, tampoco la edad que tengamos, las alteraciones de este tipo tienen que ver con cómo cada uno las interpretamos de acuerdo con la personalidad, las experiencias que hayamos tenido, los patrones de pensamiento, de comportamiento aprendidos, los recursos de afrontamiento y la actitud con que lo asumamos.

Tomar la decisión de pasar estas fiestas bien es todo un desafío, debe ser prioridad y responsabilidad de cada uno, por nosotros mismos y por nuestros seres queridos. Hay maneras de poder generar herramientas de bienestar que nos permitan disfrutar las fiestas, así como de hacer propósitos realistas y cumplirlos. El cuidar de nuestro bienestar emocional es muy importante para lograr esas metas, sea que estemos tratando de concluir un proyecto, de ser una mejor persona en nuestra familia o comunidad o mejorar nuestro estilo de vida.

Hay que considerar que no existen las fiestas ni las familias perfectas y totalmente felices. Para estas fechas la publicidad nos engaña con anuncios que muestran familias irrealmente felices, armónicas y llenas de regalos, que no se corresponden con lo que vivimos, lo que nos lleva inevitablemente a comparaciones y a sentirnos de falta ante nuestra propia situación personal, familiar, económica o de cualquier otra índole. Debemos evitar las expectativas sobredimensionadas o poco realistas y comprender que eso corresponde a una imagen comercial que busca vender un producto o servicio, mediante la manipulación de emocionalidades.

Es importante caer en la cuenta de que ninguna persona debe sentirse obligada a participar en una celebración familiar si no lo desea. Debemos aprender a decir que no, sin sentir pena ni temor, y evitar involucrarnos en situaciones que no nos van a generar paz o que no estamos dispuestos a aceptar, tan solo por cumplir con una vieja tradición o con compromisos vacíos que no tienen sentido para nosotros o que nos generarían conflicto o disgusto.

El cambio de año nos lleva a hacer una reflexión y a buscar un balance de lo que vivimos. Para esto es conveniente poner énfasis en lo bueno que hemos aprendido, lo que hemos hecho por otros y por nosotros mismos, buscando siempre que este balance dé en positivo. Que nuestro único propósito, al hacer este ejercicio, sea lograr un estado de satisfacción, de bienestar y aumentar nuestra autoestima. Cuando pensemos en el año vivido lo debemos hacer fijándonos en nuestros aciertos, resaltando nuestras fortalezas, nuestras virtudes y logros significativos. Importante es recordar que, si no hemos logrado las metas este año, las podemos reformular en un nuevo plan de vida o posponerlas, reinventarnos una vez más con metas realistas y alcanzables, paso por paso, pero con fe y alegre optimismo.

Si alguien se siente triste durante estas fiestas, debe saber que generalmente este sentimiento se va después de algunos días. Si siente que su tristeza dura demasiado o que su intensidad va en aumento, pudiera tener algún tipo de depresión clínica, la cual es una condición seria que debe dialogarse con un profesional. Si el caso llega a ser tan extremo que la persona piensa podría hacerles daño a otros o hacerse daño a sí mismo, debe buscar ayuda profesional. Pedir ayuda cuando se necesita es un acto de valentía, de realidad, de responsabilidad y siempre es la mejor decisión.

Despedir el año puede ser una oportunidad de realizar rituales nuevos para decirles adiós a nuestras pérdidas, a nuestras penas, tristezas y a la nostalgia que hemos venido arrastrando, para abrir una nueva página en nuestra vida, renovarnos y tomar el desafío de hacer esos cambios en nosotros que nos faciliten cambiar el rumbo, el ritmo y asumir el control de nuestra existencia, encontrándole el sentido a nuestra vida.

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